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martes, 15 de noviembre de 2011

.. cadenas o pequeños recordatorios..

Hace unos dias recibí en mi correo electrónico este mensaje, usualmente lo hubiese considerado una cadena a la cual borrar, pero al leer en rapidamente el primer parrafo, me parecio interesante., aun un recordatorio de nuestra situación actual, creo que el autor es Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales
Dice Nietzsche que “La ventaja de la mala memoria es que se disfruta varias veces de las mismas cosas por primera vez”. Cualquiera pensaría que este aforismo sólo es aplicable a la demencia senil, pero, bien pensadas las cosas, también puede expresar el estado mental de pueblos envilecidos por la explotación, la ignorancia y la opresión, uno de cuyos resultados es la ausencia de memoria histórica. Pues, ¿qué memoria histórica puede tener un pueblo al que se le niega el acceso al conocimiento de su propio trayecto? El rédito hedonista de gozar varias veces de lo mismo por primera vez, se paga, como vemos, con la muerte de la propia inteligencia. El burro al que se le pone una zanahoria por delante para que trote, olvida su repetida experiencia de que no puede alcanzarla, pues ignora que pende de una estaca que lleva atada a la cabeza. Algo parecido ocurre con la ilusión de libertad, democracia y ciudadanía que un pueblo ignorante saborea cada vez que se le azuza para que participe en la “fiesta cívica” de las votaciones. Este pueblo olvida la experiencia anterior de haber sido políticamente estafado porque ignora que la libertad, la democracia y la ciudadanía sólo son posibles si él es sujeto activo de una educación laica, gratuita y obligatoria que lo formaría como ciudadano, es decir, como una persona capaz de relacionarse críticamente con el poder político concentrado en el Estado y sus instituciones, de las cuales él sería responsable como elector consciente. Pero mientras ese pueblo ignore esto, cada vez que vote solo estará persiguiendo la zanahoria del pobre burro engañado. Por esto, Nietzsche también dice que “Nuestro carácter está determinado más aún por la ausencia de ciertas experiencias que por lo que hemos vivido”. En otras palabras, el carácter ilusionado del ignorante proviene –como es obvio– no del conocimiento que tiene cuanto del que carece. Por eso los pueblos envilecidos por la explotación, la ignorancia y la opresión disfrutan tanto preciándose de su “democracia”. Ya lo dice el refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Y esto se aplica a todos sin distinción, ya que el atraso de estos pueblos es estructural, de modo que la ignorancia afecta tanto a las clases “altas” como a las “bajas”. Lo cual explica por qué sus estamentos políticos están motivados por la ambición personal y no por la posibilidad de elevar las condiciones de vida de todos, que es la función que la ciudadanía espera que cumplan los políticos. En los países envilecidos es en donde mejor se cumple esta otra sentencia de nuestro agudo filósofo: “Todos quieren llegar hasta el trono; en esto consiste su locura: como si la felicidad estuviera en los tronos. Muchas veces hay cieno en el trono y, a menudo, también está el trono en el cieno”. En nuestro caso, el trono está en el cieno y por eso hay cieno en el trono. La metáfora monárquica expresa la imposibilidad de erigir la democracia política sobre una base económica oligárquica y feudal, cuya elite constituye –por su mercantilismo y prácticas monopólicas– el principal obstáculo para un desarrollo en igualdad de oportunidades y la libre competencia. Este es el cieno sobre el que se pretende ejercer la justicia, y en el que se encuentra hundido el trono del remedo de república que pomposamente proclamamos libre. Es hora de que los escasos ciudadanos críticos desistan de su fingida amnesia y se organicen para fundar la democracia. Tienen cuatro cortos años.

viernes, 5 de agosto de 2011

UN MONSTRUO POLÍTICO DOMINA MI CIUDAD

'En mi ciudad hay un monstruo político que tiene los votos en el
bolsillo desde hace 10 años'.
La frase pertenece a un suscriptor de Psicociudad y refleja una
realidad que muchos viven.
Es el monstruo político.
Ese candidato que siempre gana.
Que parece ser el dueño de los votos de su ciudad.
Un candidato al que parece imposible ganarle.
¿Será imposible?

Veamos un ejemplo.
Un ejemplo totalmente ficticio, claro.
Digamos que un ejemplo...hmmm...tal vez gastronómico.

¿Cómo podría un pequeño ser humano comerse a un enorme dinosaurio?
Pedacito por pedacito.
Parte por parte.
Fragmento por fragmento.
Poquito a poco.
Porque si pretendiera comerlo de una sola vez...pues moriría en el
intento.

La enseñanza es que no hay enemigo grande que no pueda ser
derrotado paso a paso.
No enfrentándolo frontalmente.
No peleando a matar o morir.
Nones.
Sino poquito a poco.

Allí está el error estratégico de quienes se enfrentan al monstruo
político de su ciudad o de su país. Creen que se lo pueden comer
así como así. Que basta con ir al asalto con valentía. Cara a cara.
Jugados a cara o cruz.
Y la moneda siempre cae del lado equivocado.

Tiempo y trincheras. Si te vas a enfrentar a un monstruo político
debes memorizar esas 2 palabras. Y actuar en consecuencia.
Tiempo y trincheras.
Trincheras y tiempo.

Tiempo porque no será una única batalla final.
Más bien debes concebir un proceso con varias etapas. Nada de
cortos plazos, sino plazos medianos o largos. A ese monstruo no le
vas a ganar en una sola batalla electoral. Será una guerra, una
larga guerra con muchas batallas importantes.

Trincheras porque al final de cada batalla deberías tener una nueva
trinchera en la cual parapetarte. Un nuevo punto fuerte. Un escalón
superior en votos. Un barrio donde seas mayoría. Un sector del
electorado donde plantes fuerte tu bandera. Un nuevo cargo electivo
conquistado aunque sea menor. Una mejor posición en la opinión
pública. Un logro que todos te reconozcan.
El punto fuerte puede variar, pero necesitas finalizar cada batalla
con un nuevo logro.
Con una nueva trinchera política en la cual hacerte fuerte. Más
fuerte cada vez.

Tiempo y trincheras.
Trincheras y tiempo.
Para recién después encarar la batalla final.

Por eso debes medir tus fuerzas y las del monstruo político.
Con objetividad.
Seriamente.
Y solo después decidir cuándo, dónde y para qué serán las próximas
batallas.

No te inmoles políticamente.
No pretendas tragarte entero y sin respirar al monstruo político.
Divídelo en pedacitos.
Y comienza a comerlo.
Lenta pero inexorablemente.

--
Daniel Eskibel
psicociudad.com